Su casa es la última de la acera de los números impares,junto al pozo ciego excavado en el subsuelo donde los ocho
vecinos acuden cada día a vaciar los orinales por carecer
todos ellos de excusado. En la tormenta de hace dos años el
pozo se llenó, anegando el callejón con toda clase de
inmundicias. Durante varios días pudo contemplarse un
enjambre de ratas muertas flotando entre ambas aceras,
con las que los niños se entretenían hundiéndolas a pedradas.
\"Cuando escribo mis novelas tiendo a convertirme en un ser
perverso, de ahí que algunos de mis personajes se rebelen
y decidan su propio destino.\"
ANTONIO MARTOS LÓPEZ